El desarrollo de la electrocumbia –un acercamiento

Suave como el peligro

El desarrollo de la electrocumbia –un acercamiento

Juan Carlos Hidalgo

 

Si nos apegáramos a lo que propone el gran periodista y teórico del rock que es Simon Reynolds, estaríamos en posibilidad de reconocer que la música atraviesa por un periodo de reciclaje extremo en el que escasamente se producen propuestas “auténticamente” nuevas. Se utiliza al pasado como herramienta fundamental para crear los sonidos que hoy apuntan al futuro. En su libro más reciente aparecido en español, Retromanía (la adicción del pop a su propio pasado) aparecen tres conceptos reiterados sobre los que se mueve la creación actual: pastiche, cita y nostalgia.

Reynolds, además, enfatiza en la velocidad con la que ocurren los fenómenos socio-culturales, apenas si los podemos detectar y aprehender; para él se impone la noción de “hiper-estasis”, en tanto combinación de velocidad y parálisis, es decir, ocurren muchas cosas pero la creación se haya inmóvil en la medida que de lo que se trata es de citar o recombinar elementos de un pasado al que se mira con nostalgia.

Encuentro interesante y responsable el planteamiento del creador del término post-rock, en la medida de que es la maquinaria anglosajona la que impone las reglas del juego. En su entorno cercano está viendo a una generación entera de bandas que antes que exigirse “inventar” algo se sumergen en una cacería de referentes añejos para dar a su sonido un toque de exotismo chic. Pero, considerando el vasto legado cultural y musical de América Latina, ¿los oriundos de estas tierras deberíamos negarlo? ¿Habría que voltearle la cara a todo aquello que nos antecedió?

Es menester reconocer que los hispanoamericanos no podemos competir de igual a igual con las potencias anglosajonas, entonces ¿no deberíamos buscar elementos que nos dieran identidad y singularidad para diferenciarnos? Pienso en ello al tratar de dilucidar lo que puede interesar al público japonés para acercarse a Café Tacuba. La respuesta es sencilla: no hay un grupo que suene igual que ellos. ¿Sirve de algo tratar de venderles algo que sea igual a lo que ya se consigue en el mercado internacional?

Aquello que es endémico es lo que nos fortalece –no se encuentra en ninguna otra parte-. Es por ello que lo hecho por Nortec marca la pauta, pero también lo intentó el Nopal Beat, y en argentina Zizek Urban Beat, además de los colombianos de Sidestepper y Bomba Estéreo. Utilizar los recursos y sonidos de la electrónica contemporánea para componer música a partir de elementos regionales. Ya el proyecto francés P18 anticipó el camino al apropiarse de la tradición afrocubana.

Toda esta disertación me ocupa a propósito del desarrollo de una camada de artistas que a lo largo y ancho del continente se han abocado a la actualización de la cumbia a través de bases y recursos electrónicos. No podemos decir que los resultados sean similares en cuanto a calidad. Cada agrupación tiene sus propios méritos, pero lo que hay es un ánimo colectivo por retomar ritmos que por años han acompañado al continente, pero que eran considerados patrimonio de las clases bajas.

No puedo olvidar aquella lapidaria frase de Cerati: “para lo que los de arriba es excéntrico, para los de abajo es ridiculez”. Cierto es que en torno a la electrocumbia gira un asunto de clases sociales, de recuperación o apropiación si se quiere, pero no deja de provocar entusiasmo el uso de ritmos que proceden del imaginario popular, que están insertos en nuestra memoria colectiva, prácticamente forman parte de nuestro ADN. 

Por todo esto, no me parece de menor importancia que una disquera transnacional como EMI se diera cuenta del potencial del movimiento y edite en México una primera compilación sobre el tema. Cañonazo electrocumbiero (2012) es un acoplado de 15 temas, que si bien no agota el asunto, funciona como un mosaico representativo de lo que el presente nos está entregando.

No sólo vienen precursores del movimiento como Toy Selectah (“Sonidero Compay”) o el Instituto Mexicano del Sonido (“Cumbia”), me parece que la gran calidad de Bomba Estéreo y su ya clásico “Fuego”, junto al Sonido Gallo Negro (“Boca negra”), El hijo de la cumbia y su remix al reggae de Alika y Sonido San Francisco consiguen ampliar el diálogo a partir de piezas que no sólo son divertimentos sino hallazgos en lo musical.

También están Afrodita y Sonido Desconocido entre lo propositivo. Existe tela de donde cortar y polemizar. A fin de cuentas no faltan los convencidos de estos procesos, por ejemplo, en el portal 20 Jazz Funk Greats se habla de: “cuando los sonidos pasados suenan más futuros que los presentes, el revival se hace progresivo”.

Lo fundamental es que la electrocumbia –como del rockabilly, el dark o la electrónica experimental- se difundan, se analicen, y, en su caso, nos lleven al disfrute desenfadado. Aquí la principal pretensión es el baile. Invite a un intelectual a su fiesta, déle más de 3 tragos y verá que lo que pide es una electrocumbia. Los prejuicios se han quedado como un asunto de tiempo idos. En ocasiones es importante que el cuerpo emita las instrucciones pertinentes. En el principio de la experiencia musical esta el goce.

~ por subterraneosmx en 15 agosto, 2012.

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