Un día en una casilla electoral del DF

Lo que sucede detrás de entintar dedos

Un día en una casilla electoral del DF

Luis César Reyes/Subterráneos

* Lo realmente importante llega a las 6 de la tarde, la casilla se declara cerrada y ahora sí comienza el recuento, un proceso muchísimo más tardado de lo que parece

 

México, DF, 3 de julio de 2012. No hay plazo que no se cumpla y por fin llegó el tan esperado 1 de julio en el que nos toca hacer efectivo nuestro poder del voto. Después de meses de una saturación de spots en radio, televisión e impresos; de millones de pesos gastados en artículos promocionales, de semanas de discusiones con amigos y familiares, de planas y planas de textos e imágenes en redes sociales, después de todo esto, las campañas tienen como conclusión esos 30 segundos o menos en los que marcas uno o varios partidos con la esperanza de que tu voto favorecerá al ganador y no quede como una estadística nada más.

Más allá de los resultados, en esta ocasión quiero compartir lo que sucede detrás de entintar dedos. Desde hace un par de meses recibí mi nombramiento de funcionario de casilla para las elecciones locales en el que me indicaron la fecha de mi entrenamiento (un domingo por la mañana) y me fueron dados una serie de papeles y unos instructivos con dibujos de gente feliz contando votos en los que explicaba el proceso, los horarios, tiempos, acciones específicas por funcionarios, forma de escrutinio, qué papelería se nos iba a dar, como tratarla, llenarla, usarla y volverla a guardar y un largo etcétera, todo para que las múltiples posibilidades de error se redujeran.

Así, con toda la preparación posible, llegamos al lugar de la casilla sólo con nuestros celulares como arma para hablar con nuestra orientadora o la policía en caso de dudas o de percances violentos. Mi casilla ubicada en el estacionamiento de una clínica de acupuntura abrió a las 9 de la mañana, sí una hora tarde por falta de coordinación entre el IFE y el IEDF.

En fin, la casilla abrió para recibir a la gente que, muy puntual, había hecho cola desde las 8 de la mañana, recibiendo en el camino ligeros reproches sobre la espera debido a que “nos hicieron esperar parados” o “nos hicieron perder tiempo”. Todo esto entendible, en su domingo de descanso nadie quiere mover un dedo, pero no se dan cuenta que somos sus vecinos, no unos burócratas; que mientras ellos estaban parados uno estaba con las prisas de resolver problemas, atender a los representantes de los partidos, armando urnas, casillas y tratando de no equivocarse en las actas; y que si ellos habían perdido una hora, nosotros íbamos a estar ahí unas 15 horas.

 

El proceso

En cuanto a la elección no pasó a mayores, la gente nunca dejó de llegar, se ordenó en filas, saludaba, votaba, algunos con buenos deseos, otros agradecían. Medio comes, medio vas al baño, medio tomas agua, todo tranquilo con el pequeño detalle de la lluvia en la que, a pesar de ser un lugar techado, había muchas fugas lo que causó algunas complicaciones. Así que, ahí un pequeño tache para las instituciones electorales sobre los lugares que escogen para las casillas o bien prever esos incidentes con lonas, las cuales quedaron colocadas prácticamente cuando terminó la lluvia. En fin, fueron complicaciones menores y el show debía continuar, sobre todo si, a pesar de la lluvia, la gente no se movió de la línea esperando hacer su voto.

 

El recuento

Lo realmente importante llega a las 6 de la tarde, la casilla se declara cerrada y ahora sí comienza el recuento, un proceso muchísimo más tardado de lo que parece. Éramos, en total, cuatro casillas dos federales y dos locales. La casilla que terminó primero de contar y dejar su paquete electoral sellado y listo terminó cerca de las 10 de la noche. Mi casilla terminó a las once y media, y aún quedaba de media a una hora más de trabajo a la casilla más atrasada, así que imaginen nuestra sorpresa cuando por noticias ya comenzaban a dar resultados cuando nosotros apenas estábamos destapando las urnas.

Para comenzar el conteo, primero tuvimos que mover todas las casillas, pasamos del estacionamiento a las oficinas de la clínica porque no había luz en el exterior, una vez más un error que se pudo haber prevenido.

Primero se cancelan las boletas que no se usaron (más de 200) y se cuentan (proceso tedioso), se abre una urna (en mi caso: primero jefe de gobierno (DF), después delegacional y por último diputados). Se desdoblan las boletas (probablemente la parte más lenta y tediosa). Se separan, dependiendo de por quién votaron. Se separan las boletas que no son de esa urnas (sí, parece tonto, pero la gente se equivoca, dice jefe de gobierno de color morado y meten la de diputados de color azul, pero en fin). Ahora sí, se cuentan y se anotan en una forma preliminar. El conteo final y la separación son siempre a la vista de los representantes de partido, ya que ahí es donde puede haber molestias a impugnaciones. Todo pasó sin percances. En el proceso vas curioseando con las otras casillas para quitarte la cosquillita de saber quién va ganando.

 

Un final

Se hace este proceso con cada urna y cuando ya estás algo harto falta asentar todo en las actas finales, todas con firmas de los funcionarios y de los representantes de partido. Se reparten las copias a los representantes, se guardan las boletas canceladas, las contadas, los folios, se guarda en el orden y en los montones de sobres que te dan; se ordena, se empaquetan, publicas los resultados y ya. Sales cansado y malcomido, para llegar a tu casa y descubrir que el PRI ha regresado.

~ por subterraneosmx en 5 julio, 2012.

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