Lee Ranaldo, los tipos duros no bailan, hacen discos brillantes.

Suave como el peligro

Lee Ranaldo, los tipos duros no bailan, hacen discos brillantes

Juan Carlos Hidalgo

Debo de reconocer que se lo debo al impresionante y mágico concierto de Patti Smith en el Museo Anahuacalli de la ciudad de México. Ella nos recordó el estirpe y la altura de las grandes leyendas del rock and roll. Su actuación fue épica, mayestática, suprema. Ya lo decía Miguel Ríos en una de sus canciones: “los viejos rockeros nunca mueren”. Y es que nos pasamos entretenidos entre tanta novedad que nos acapara, que nuestro sentido de detección se embota.

Día con día no dejan de aparecer novedades, interesantes más unas que otras, que reflejan el pulso del momento. El presente impone su ley y la juventud es una tremenda tentación para quien siente que el tiempo se le escurre entre las manos –como quien intenta retener un río. La cantidad de discos que se editan es inmensa.

Sentimos que no nos queda tiempo para los veteranos, que ya intuimos los que son capaces de hacer. Y la verdad es que podemos equivocarnos rotundamente. No sólo lo digo por Patti Smith, resulta que había dejado de lado el primer disco solista de Lee Ranaldo, insigne miembro de Sonic Youth, ese escuadrón neoyorkino que desde los primeros noventa nos fue enseñando a amar el ruido y las disonancias.

Quizá el dejar de lado a Between the Times and the Tides se debió más al coraje de que la entrevista con él se frustrara y no pudiéramos encontrarnos en la Cineteca Nacional durante su pasada visita a nuestro país. Me parecía que el Goo era una obra suprema –casi insuperable— y como Thurston Moore y Kim Gordon andan más bien en líos de divorcio, la historia del grupo entraba en un impasse largo y soporífero.

Escuchar a Patti Smith rockear con furia y dejar su guitarra haciendo feedback frente a la monolítica mansión que se construyera Diego Rivera, me hizo valorar que si ciertos músicos gozan de un status de culto se debe a muchas razones de peso que de vez en cuando olvidamos.

La verdad es que esperaba al dejar correr el opus solista de Ranaldo encontrarme con una maraña abstracta, como la de varios de los proyectos en que se involucran, y un fiero guitarreo que casi hiciera sangrar los oídos, pero estaba completamente equivocado.

Between the Times and the Tides está consagrado a las canciones en su más pura esencia. Estrofa-coro-estrofa y ciertos espacios para los solos. Pero aquí se demuestra que la fórmula no por simple está acabada, que el ejecutante determina su grandeza y capacidad de seducción.

Lee decidió que era hora de acercarse lo más posible a lo que entiende como pop, y para ello coqueteó con el sonido de otros grandes héroes noventeros, como lo son R.E.M y Dinosaur Jr. Por supuesto, que hay guitarras, pero lo que conduce el asunto son las melodías, ya que cuenta el músico que en sus primeras versiones era piezas acústicas que fueron ganando punch una vez que Steve Shelley –también de Sonic Youth— les agregó batería:

“Una de las cosas más interesantes para mí de este disco, y también una de las más reconfortantes, es que me dejé llevar hacia donde las canciones me querían llevar, me abandoné a la suerte que ellas marcasen”.

Supo que tenía que llamar a otros de sus amigos cercanos para que agregaran lo suyo, y vaya que se junta con puro Capo. Allí están John Medeski, figura del jazz experimental; Nels Cline, el virtuoso guitarrista de Wilco, y Steve Shelley, también de su grupo principal. Más Bob Bert de Pussy Galore. Los conocedores lo consideran un dream team.

Con tanto talento no podía fallar y el disco abre “Wating on a dream” y la energía musical cobra una de sus formas sublimes. Aquí hay rock en su quintaescencia. Líneas de guitarra sinuosas; bajeo profundo. Lee nos tiene comiendo de su puño desde la primera canción. Cierto, es el disco más accesible que cualquier Sonic Youth haya grabado, ¿le resta algún mérito?

Continúa con “Off the Wall” –la cumbre de su debut— y deja entrever que aun los tipos duros pueden resbalar ante una mujer:

“Vi un arcoiris darse contra el piso/ partido en pedazos, tus ojos preguntaron para qué/ estos días estoy completamente solo entre todo el mundo/ estos días estoy tratando de convencerme de que sólo eres una chica más/ puedo ver la puerta roja golpearse en el escenario/ caos en las calles, estos son los días de furia”.

Y con esto hubiera bastado, pero no es suficiente, ahí están “Angles” –sonando como los magníficos R.E.M de sus comienzos, “Lost” y “Fire Island (Phases), que según algunos nos remite a The Posies. Between the Times and the Tides demuestra que más de 30 años en la brega no lo han agotado y que los proyectos paralelos en ocasiones entregan hallazgos mayores, como si del grupo principal se tratara. Si alguien dijera que se trata de un disco que escucharían personas adultas, bien harían los adolescentes en aprender de esta lección suprema. No en vano un disquera tan sabia como Matador ha decido cobijar a esta obra. Quienes vivimos a plenitud los años noventa podemos tener la certeza que no todos nuestros héroes se dieron un escopetazo en la cabeza o cayeron por una sobredosis, quedan figuras con el temple suficiente para surcar el océano de la edad con sobrada maestría y espíritu rockero.

~ por subterraneosmx en 7 junio, 2012.

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